... Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él... ...Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.
Entonces el tiempo se detuvo, mientras las tinieblas gobernaban una luz apareció en medio de todo el caos y el silencio:
Jesús: ¿Qué sucede, Miguel?
Miguel: Señor, los ángeles estamos furiosos. ¿Por qué permites que te traten así?. Tu eres el creador del cielo y de la tierra, si no fuera por ti estas personas no tendrían aliento de vida, ¿Por qué dejas que te hagan daño?. Danos la señal y una legión de ángeles bajará a terminar esto. ¡Tu eres Dios!, estas personas no saben con quien están tratando, ¿no bastó acaso las señales que diste? ¿Por qué tienes que sacrificarte? ¿Acaso vale la pena?... nosotros no lo entendemos, ¿no es acaso más fácil borrar esta creación y hacer una nueva? una que elija seguirte... nosotros queremos actuar, señor, no podemos quedarnos sentados sin hacer nada mientras nuestro creador esta prefiriendo morir por seres que no valen la pena. No nos costaría nada el arrasar con ellos de inmediato, solo necesitamos tu señal. Tu bien sabes que aún si tu mueres por ellos, no te seguirán del todo, seguirán con sus mismas prácticas, sus rituales, hiriéndose a ellos mismos y buscando el estar por encima del otro. No entiendo, Jesús. Dime por qué tanto amor para ellos, ellos no lo merecen. Tu te mereces toda gloria, todo el honor... y no hay nada honroso en esto... no lo entiendo...
Jesús: Miguel, gracias por querer pelear por mi, pero ustedes no entienden.
Miguel: ¿Qué el lo que no entendemos, Señor?, entendemos que ellos están condenándose con esto, entendemos que nuestro creador esta tomando todas sus culpas y transgresiones en si mismo para librarlos de la culpa. Entendemos que el precio del pecado es muerte y ellos ya no tienen acceso a Ti. Quedaron despojados de Tu gloria porque así lo decidieron. ¿Eso qué tiene que ver contigo? . Tú les advertiste desde el primer momento, qué es lo que pasaría. ¿Por qué es que Tú tienes que pagar ese precio cuando son ellos los que lo tienen que pagar?.
Señor, solo necesitamos la señal, solo eso... y nosotros bajaremos a defenderte y a acabar con esta injusticia... por favor, danos la señal.
Jesús: Miguel, para que el amor tenga un significado valioso tiene que haber la capacidad de decir que no. Muchas de estas personas dirán que no al amor que les tengo y lo rechazarán. Pero otros muchos dirán que sí y lo aceptarán. Estos necesitan que sus culpas sean eliminadas y esto no lo pueden hacer ellos mismos, el único que puede otorgar el perdón es Dios pero el precio tiene que ser pagado. De no ser así, Dios dejaría de ser perfecto porque desde un principio se dijo cual sería el costo. Este sacrificio es, en toda certeza, la paga de transgresiones que ellos necesitan para estar seguros que ya se hizo lo que se debía hacer. Su salvación ya no depende de lo que ellos podrían hacer sino de lo que yo estoy haciendo hoy. Yo podría bajar de esta cruz y dejarlos sin esperanza... pero los amo... y de esto se trata, que cuando ellos abran los ojos entiendan que no necesitan nada más. Todos sus esfuerzos por querer llegar al cielo no importarán porque yo habré abierto la puerta para que todo el que acepte mi sacrificio pueda acceder a él.
... el tiempo volvio a correr...
Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron... El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios...